… porque al pensar en ti nada suena ni resuena ni resuella. ¿Estaré junto a ti toda la vida? Ojala y no…
Estaba frente al escritorio, tratando de escribir mi sentir, olí tierra mojada y salí al patio a ver qué pasaba [no puede llover, no se escucha]. Vi el piso mojado, húmedo y no lo creí [no pudo haber llovido, no oí nada]. Tuve que salir de la cornisa y pararme en medio para comprobar una ligera llovizna, muy tierna, muy linda, muy enamorada.
Volví al escritorio y lo conté. No conté nada bueno porque fue un hecho sólo bello para mí, para mí que existió y para mí que lo contemple. Entonces ¿no todo lo bello es bello para todos? Mi lluvia silenciosa ¿sólo es vaticinio para mí?
Volteé la cabeza y ahí estabas y no estabas, eso quiere decir que ¿sólo existes para mí? Recuerdo otra carta que te escribí, te hable sobre tu cabello largo y negro, de tus manos temblorosas con cigarro y café. ¿Ése no eras tú? ¿No eras tú el que hablaba de Sartre y Cortázar? ¿Él que habla francés y lee en inglés? ¿Soy yo? ¿O quién eres?
Y la lluvia callada seguía, sin dirigirme la palabra, sigilosa como es ella. Y yo te recordé con más fuerza, para ver si la hacías hablar… Pero no. Y luego recordé cuando me dijiste que me querías, que me amabas, que me dedicabas comerciales y lunas de octubre y arcoíris y escritos, cuando me decías que era la mejor escritora de tu vida y yo lo creía. Cuando me dijiste que te ibas y no regresarías hasta un año después y yo te respondía así que pasen dos, tres, cinco años.
Recordé cuando te internaron en el manicomio [perdón, hospital psiquiátrico]. Cuando te resististe a entrar, cuando te tuvieron que inyectar, cuando caíste y el golpe sonó por todo el vestíbulo, cuando te cargaron tres enfermeros hasta tu habitación y no me dejaron entrar. Cuando te visité la primera vez y te vi con tu cara demacrada, tus 10 kilos menos, tus ansias por besarme y al enfermero que lo impidió. Tus planes secretos de escaparte también los recordé [y ojala los pudiera olvidar], tus mensajes que mandabas a escondidas.
Tus flores, tus llantos, tu tierra, tu corazón, tu traje negro, mi vestido azul, la lápida con J.L.69, J.S., grabados en mi mente. Recuerdo a John Sims, creado sólo para mí, al que detestabas, al que querías matar y sólo mantenías con vida por mí, recuerdo al gandul de los cacahuates. Te recuerdo, te recordé.
Y entonces la tormenta comenzó, más escandalosa que nunca, como gritando ¡Aquí estoy!
lunes, 12 de octubre de 2009
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