La primera vez que lo vi, fue en su
recámara. Es gracioso, a nadie lo conoces en su
recámara... Ya lo
había imaginado, es cierto, pero no su
personalidad, su rareza, si
misticismo, su
recámara.
Lo que más me llamo la atención de él, fue su cuarto. Paredes negras, gis de colores neón dibujan espermas,
óvulos, escriben frases con sentido para él, montañas de discos, varios
pósters, una cama baja con
edredón negro, una alfombra con infinitas huellas de las fiestas secretas.
Recuerdo que entramos a la
recámara y un amigo de ellos no
advirtió no sentarnos en la cama. "No tiene novia,
imaginate su cama" dijo, mi
reacción obvia fue alejarme del mueble, aunque después
repetía para mí la frase y me alegraba tontamente.
No hablo conmigo, de hecho creo que desde esa vez sólo me ha dirigido la palabra para responder mis saludos y mis despedidas. Fue a mi fiesta de cumpleaños, es cierto, pero no estoy segura de que me felicitara, y si lo estoy de que fue por el alcohol. Rechazo mis
invitaciones a bailar y yo lo llame "marica" (así les digo a todos, es para mí como decir
we).
Hace algunos días fui a su casa, estuve de nuevo en su
recámara, de nuevo me ignoro
olimpicamente. Estoy segura de que sabe que me gusta y por eso lo hace.
Wherever. Como a
nosequehora de la madrugada, estaba sentada en la cabecera de su cama, el acostado a la mitad, veía su cabellera, ondulada, larga, hermosa, lo
veía envolverse en la cobija, inquietarse dentro de su pasividad. Tenia unas ganas enormes de abrazarlo, de besarlo, de acariciarlo. Juro que dentro de mi gritaba, me
sacudía, hacia enormes esfuerzos por controlarme.
Sin querer, o queriendo acaso?, me rozo el brazo. Volteo a verme. Quito la mano. Lo note nervios o lo alucine?
Quería que el mundo se detuviera,
quería ver sus ojos dos segundos más.
Quería oír sus pensamientos,
urgar en su cerebro para ver que piensa de mí.
Quería que lo repitiera,
quería que volviera a poner su mano, que recorriera mi brazo, que me abrazara, que me besara, que le valiera madres todo, que me quisiera, que a mi no me importara su hermana, mi amiga,
quería confesarle que me gustaba,
aventarme al
vacío y d
ejarme caer en sus brazos.
No paso nada. No
volvió a hablarme, siquiera mirarme hasta la mañana siguiente que tome mi bolsa, mi
suéter, mi paraguas y me
despedí de él.
Al salir de la casa
quería voltear esperando verlo en la ventana,
despidiéndose, sonriendo. No lo hice porque sabia que no iba a estar y eso
destrozaría mis ilusiones. Lo quiero, es cierto, pero puedo no quererlo.